Puede que tengas un negocio. Ahora bien, ¿tienes una marca? Si la respuesta es no, puede que debas preguntarte varias cosas: ¿cómo te va a reconocer la gente?, ¿cómo te vas a diferenciar de tu competencia?, ¿cómo lograrás que la gente se acuerde de ti?
En esta fase inicial definiremos y construiremos una marca. Para ello, debemos averiguar cómo queremos mostrarla al mundo, cómo queremos que sea. Serían como los cimientos de una casa (tienen que ser sólidos y fuertes para que la casa se convierta en un hogar). Buscaremos un concepto y desarrollaremos la identidad corporativa para tu negocio, que deberá ser lo suficientemente fuerte como para distinguirse de la competencia. Recuerda que las marcas tienen que despertar emociones, solo así serán recordadas. Sino me crees, piensa en el efecto Coca-Cola.
En esta fase le daremos mucho a la cabeza. Crearemos un logotipo, buscaremos un naming super potente (es decir, un nombre) y daremos forma a la identidad verbal (cómo se expresa la marca, cuando lo hará y con qué lenguaje) y, finalmente, la identidad visual (todo aquello que sirva para que tu marca sea reconocida).
Y todos estos elementos influirán y determinarán el valor del a marca, otorgándole carácter, personalidad y relevancia esperemos que por mucho, mucho tiempo.
